“…estamos condenados a vivir en la melancolía porque estamos condenados a vivir en la memoria. Y si estamos condenados a vivir en la memoria, no se puede hablar de los muertos como un concepto general. Sólo puede hablarse de los propios muertos. La muerte, en el sentido último del término, debe ser una experiencia privada, particular. Para llorar a los muertos ajenos hay que hacerlos propios, hay que saber amarlos…”

(Estrella de Diego “lo que no se logra escribir” citando a Haverkamp)



Graciela De Oliveira:

Mientras más pensamos en las acciones de demoler y construir… pareciera que en la arquitectura es más fácil de dilucidar los síntomas de demolición cultural, visibles en la trasformación que van sufriendo las ciudades de Latinoamérica en general… Córdoba es un ejemplo, en su centro y alrededores de lo que fue hace pocos años, solos van quedando los considerados monumentos arquitectónicos, algunos con intervenciones “estéticas” que han cambiado para siempre su personalidad y han dejado de ser ese objeto único de la memoria colectiva en la historia de la arquitectura.

Hablamos de la casa tal de que se demolió y tal otra, y tantos ejemplos tipológicos que fueron referentes vivos en nuestra época de estudiantes, murieron!

No fueron llorados. ¿Acaso no son nuestros muertos?

¿Son nuestros los nuevos edificios que están ahora en su lugar?

¿Representan la arquitectura contemporánea Argentina, la identidad Cordobesa, la realidad social, la memoria urbana, el arte como pensamiento?

¿Qué fin político hay en el desarrollo urbano de nuestra ciudad?

¿Será la construcción indiscriminada inevitable, como la natalidad elevada en los sectores más carenciados, vienen a compensar la escasez cultural, para ser lo único que podemos “tener” a nivel simbólico?

¿Es la arquitectura un objeto con un fin concreto, y por ello limitado en el tiempo?

¿Es la obra de arte un objeto sin un fin, y por ello permanece como patrimonio cultural?

Soledad Sánchez Goldar:

modos de parar una demolición:
Juntar firmas con los vecinos pidiendo que no tiren abajo el edificio en cuestión, alegando que es patrimonio arquitectónico y patrimonio cultural del barrio, caben tres posibilidades: que lo tiren abajo y construyan un edificio con interiores de durlock y habitaciones de 1×1, que envíen a patovicas para desalentar a los vecinos que quieren parar la demolición, o que afortunadamente no tiren el edificio en cuestión y tiren el de al lado.
Presentar un proyecto de ley a la legislatura que realmente proteja el patrimonio arquitectónico, el proyecto se presentaría con algún legislador de un partido de izquierda y sería vetado por el resto de los legisladores que tienen acciones en empresas constructoras.
Encadenarse al edifico en cuestión, llamar a cadena 3 y todos los medios televisivos de la ciudad, algún vecino se apiadará del loco en cuestión y le alcanzará algún sandwichito, algún otro dirá que bueno que alguien está en contra de esta destrucción masiva de la arquitectura de la ciudad, otros dirán que edificios nuevos es progreso y llegará la policía a llevarse al loco atado o en su defecto patovicas enviados por la empresa constructora intentarán desalentar al pobre vecino en cuestión que desesperado intentó parar que tiren la única casa art decó que quedaba en la cuadra.
En este sistema monetario no se me ocurre que pase otra cosa más que la destrucción en pos de generar más dinero, sin importar nada, a costa de todo y todos. la arquitectura es un ejemplo, el suelo dónde cultivamos es otro, la contaminación es otra y un enorme etcétera.



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